Lecciones de una mala estrategia política en España

Por Staff

El pasado mes de julio se llevaron a cabo elecciones generales en España, en las que el Partido Popular (PP) de derecha llegaba como favorito para ganar la elección y establecer gobierno (designar al presidente con 176 de los 350 diputados). Las encuestas lo posicionaban 6 puntos por encima de su principal competidor, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de izquierda y del actual mandatario Pedro Sánchez. Sin embargo, los resultados fueron muy diferentes a lo que se esperaba y todo parece indicar que será una derrota para el PP. ¿Qué pasó? Desafortunadamente para el PP, su experiencia de 2023 se trata de un claro ejemplo de una mala estrategia política.

Empecemos por entender el contexto electoral previo a los comicios. Se esperaba una jornada que favoreciera al PP por varias razones. Primero, porque arrasó en las elecciones autonómicas y municipales de mayo, en las que ganó 9 de las 14 autonomías (equivalentes a las gobernaturas en México) y dejando al PSOE con tan solo 3. Este antecedente hizo suponer tanto a la prensa especializada como a analistas políticos que el PP obtendría suficientes votos para formar gobierno, incluso sin el aporte de sus aliados.

Para dimensionar el tamaño de ese triunfo preliminar, antes de mayo, las encuestas mostraban triunfos potenciales para el PP en 9 de las 14 autonomías, pero las tendencias solo parecían suficientes para formar gobierno en 5 de ellas. Tras la elección, el panorama planteado por las encuestas se quedó corto. El PP sí ganó las autonomías que esperaba, pero logró además nombrar a 7 de sus presidentes sin apoyo de ningún partido y también obtuvo posiciones favorables para formar gobierno en las otras dos. Con esos resultados, el optimismo se apoderó de los liderazgos del PP.

Por su parte, el PSOE, que antes de la elección dominaba en 9 de las 14 autonomías, se vio reducido a 4 de los congresos y 3 de las 14 presidencias en juego. Además, en términos de diputaciones, se quedó 8 puntos por debajo del PP (31% contra 39%, respectivamente). Parecía muy disminuido para competir en las elecciones generales.

Sin embargo, los resultados en julio mostraron una realidad distinta a la que se esperaba. A pesar de que el partido más votado sí fue el PP, sólo obtuvo un punto porcentual de ventaja sobre el PSOE y sus aliados. Mientras que el primero logró 171 escaños (contando aliados), los segundos lograron 172. Es decir, ningún bando logró las diputaciones necesarias para establecer gobierno, dejando en manos del JUNTS (partido independentista catalán con 7 escaños), la decisión de designar al presidente o, en su defecto, la repetición de la jornada electoral.

¿Y por qué decimos que fue un error de estrategia del PP? De entrada, porque los intereses territoriales del JUNTS se contraponen con los ideales de su principal aliado, VOX. Su liderazgo sabía que no podría hacer alianza con ambos partidos, a pesar de ser todos de derecha. Al escoger aliarse con VOX, el PP debió asumir que, de no lograr mayoría, JUNTS apoyaría al PSOE para formar gobierno. De hecho, esto es justo lo más probable que ocurra en las próximas semanas.

El segundo gran error cometido por el PP fue en su estrategia de campaña, al realizar una intensa promoción del voto para sí mismo, sin preocuparse por promover a sus aliados (VOX, Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro). Sus liderazgos pensaron que la propia popularidad del partido observada en las elecciones autonómicas bastaría para lograr una mayoría en el congreso y establecer gobierno. Incluso Núñez Feijóo se adelantó a declarar en televisión que el señor Abascal, líder de VOX, no formaría parte de su gobierno.

Otro factor es que el PP no logró abatir el temor asociado a un gobierno condicionado por VOX, que en el pasado impuso su ideología en Valencia, Islas Baleares y Extremadura, con acciones contra la ideología de género y a favor del franquismo (tras derogar las leyes de memoria democrática, que responsabilizan a las administraciones públicas de la búsqueda de personas desaparecidas durante la guerra y la dictadura). Esto tuvo un impacto negativo en las preferencias hacia VOX, que pasó de 52 escaños, en 2019, a 33 en este 2023, consolidándose como el gran perdedor de la elección.

Es claro que la postura de extrema derecha de VOX perjudicó al PP y, en contraparte, permitió al PSOE posicionarse en un escenario con mayores posibilidades de formar gobierno. Al final, en una batalla sumamente polarizada, todo parece indicar que ganará quien, una vez terminada la elección, estará más dispuesto a acercarse al centro. El escenario habría sido distinto si el PP hubiera facilitado la promoción del voto de sus aliados y encuadrado de manera favorable el papel que VOX jugaría en un eventual gobierno.